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La Torre de Don Borja retomó sus encuentros culturales tras el parón veraniego con la presencia de David Trueba, uno de los creadores españoles que con mayor naturalidad ha transitado entre distintos lenguajes y formas de contar. El sábado 19 de septiembre el escritor y director mantuvo una conversación bajo el título «El oficio de mirar, el oficio de contar», en la que repasar su trayectoria y habló de las conexiones entre literatura y cine, de la construcción de personajes, de la necesidad de narrar historias y de cómo nuestra forma de mirar determina cómo vemos el mundo.

 

 

El encuentro permitió recorrer una carrera que comenzó vinculada al periodismo y al guion y que se ha desplegado posteriormente en la novela, el cine, la televisión y el teatro. Trueba ha explicado en distintas ocasiones que, más allá de las etiquetas profesionales, se considera fundamentalmente alguien dedicado a contar historias y que busca, en cada caso, “la manera mejor de contarla”, en ocasiones mediante imágenes y otras veces mediante palabras. Esa idea resume una trayectoria marcada por la curiosidad y por la voluntad de encontrar para cada historia la forma expresiva o el canal que mejor le corresponde. La conversación abordará qué cambia cuando una misma historia pasa del papel a la pantalla, cómo se construye una mirada propia y qué significa mantener vivo el deseo de crear después de tres décadas de trabajo. David Trueba, que es un gran defensor de la ficción y de las narraciones para  acercarnos a experiencias ajenas, reivindica la lectura como una experiencia que ayuda a ver la vida desde otras perspectivas.

 

 

 

Nacido en Madrid en 1969, David Trueba estudió Periodismo en la Universidad Complutense y completó posteriormente su formación cinematográfica en el American Film Institute de Los Ángeles. Antes de debutar como director trabajó como periodista y guionista. Como director debutó con ‘La buena vida’ (1996), presentada en el Festival de Cannes, y desde entonces ha construido una filmografía en la que conviven la comedia, el drama, la reflexión sobre las relaciones personales y una particular atención a los personajes que atraviesan momentos de cambio.

Entre sus películas se encuentran ‘Soldados de Salamina’ (2003), adaptación de la novela de Javier Cercas; ‘La silla de Fernando’ (2006), codirigida junto a Luis Alegre y construida a partir de una larga conversación con Fernando Fernán-Gómez; ‘Madrid, 1987’ (2011); ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ (2013), que obtuvo seis Premios Goya, entre ellos los de mejor película, mejor dirección y mejor guion original; ‘Casi 40’ (2018); ‘A este lado del mundo’ (2020), y ‘Saben aquell’ (2023), sobre la figura del humorista Eugenio.

La literatura ocupa un lugar igualmente central en su obra. Desde ‘Abierto toda la noche’ (1995), su primera novela, ha publicado ‘Cuatro amigos’ (1999), ‘Saber perder’ (2008, Premio de la Crítica), ‘Blitz’ (2015), ‘Tierra de campos’ (2017) y ‘Queridos niños’ (2021), además de otros trabajos de ensayo y recopilaciones de artículos. Sus novelas han sido traducidas a numerosos idiomas y han consolidado una voz reconocible por su atención a los vínculos familiares, la amistad, el deseo, la pérdida y el paso del tiempo. En 2024, Trueba amplió aún más su recorrido creativo con ‘Los guapos’, su debut como dramaturgo, estrenado en el Teatro María Guerrero.

 

Trueba sostiene que es “escritor, antes que nada” y que cuando dirige una película “escribe con la cámara”. También confiesa que enfrentarse a un nuevo proyecto nunca resulta sencillo y ha señalado en varias ocasiones que para él es clave la necesidad de volver a empezar y de no dar por aprendido el oficio.

Entre sus proyectos recientes destaca la película ‘Siempre es invierno’, adaptación cinematográfica de su novela ‘Blitz’, protagonizada por David Verdaguer e Isabelle Renauld y presentada como clausura de la 70ª Semana Internacional de Cine de Valladolid. Esra adaptación supuso una experiencia singular: por primera vez Trueba llevó a la pantalla una novela propia. Él mismo describió el proceso como una experiencia “traumática”, en parte por tener que enfrentarse a una obra escrita diez años antes y dialogar con el autor que había sido.